Cuando
te sumerges
en mis sentidos,
el libro
de mis recuerdos
florece.
Y disfruto de mirar
el reloj,
con sus orillas
a extrañarte.
La inmensidad
de mi amanecer
sabe a primavera,
a lirios benditos.
A vientre de peces
alimentándose
de ombligo.
Y mi ternura.
La miel enamorada.
desborda
en ríos inconcebibles
de memoria.
Te pienso,
te amo,
más y más
y cada vez más.
Hasta las
comisuras del infinito,
donde yacen
los días amados.
Donde el amor
no dormita
y la eternidad
es apenas...
Un comienzo
del para siempre.
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